Notas históricas de la fabricación de la Iglesia Parroquial de este pueblo de Pozuel del Campo; años mil setecientos veintitrés; mil setecientos veintiocho*. Cuadernos del Baile de San Roque, nº 9, pp. 67-75.

January 8, 2005

calle de la ygrlesia

Jesús; María y José

La memoria que el día ocho de Septiembre de mil setecientos veintitrés, juntos los Eclesiásticos, Ayuntamiento y demás vecinos del lugar, en la plaza del pueblo, unánimes y conformes, determinaron hacer nueva Iglesia, por ser la que había tan angosta como baja y pequeña y amenazar ruina por la parte del Septentrión, cuyas paredes se hallaron de piedra, lodo y dos palmos de grueso.

Hecha seta cristiana resolución, se explicaron los caritativos hechos de los hijos de Pozuel, mandando y luego dando una gran limosna de veintiocho cahíces de trigo, sobre haber mediado una mala nube el día de S. Juan de Junio que se llevó gran parte de la cosecha,-Compónese el pueblo de labradores honrados que viven con el sudor de su trabajo y a pesar de ser tiempos tan melancólicos pagan a su Rey y señor temporal cantidades cuantiosas y esto en dinero efectivo.

Concretose la obra en seiscientas libras, se le daba al Oficial para su comer el mejor trigo de la primicia, se le hacía al molino, se le traía la leña necesaria y casa franca.-La cal se daba de primera masadura y todo el material al pie de la obra. El Maestro que ejecutó la obra se llama Isidoro Rodrigo, vecino del lugar de COSA.

Día 25 de noviembre de dicho año, después de haber cantado los Eclesiásticos una misa con asistencia de todo el pueblo, porción de vecinos dieron comienzo a una calera en las Duramanas y los restantes fueron a arrancar piedra a las Cobatillas. Después se puso el Maestro a labrar la piedra para las esquinas, talud y pirafones de la nave principal y le duró hasta el día veinte de Marzo de setecientos veinticuatro.

La calara se concluyó el día treinta y uno de enero de setecientos veinticuatro. Lo mas se trabajó en días de Calendas, y aunque en realidad no salió del todo quemada, pues se arrimó gran cantidad de piedra, no obstante, conducida a la fábrica cundió tanto que todos entendieron que Dios la había multiplicado, pues con ella se cerraron los fundamentos de las paredes forales que de medio hacia el Oriente profundaron hasta tocar tierra firme catorce palmos. Eleva la pared hasta la superficie de grueso, vara y media; hasta el talud, cinco palmos, y del talud arriba una vara de cal y canto. Con dicha cal se continuó como se dirá más tarde.

Desde el primero de enero de mil setecientos veinticuatro, hasta el día veinte de marzo de dicho año, con gran celo condujeron los vecinos gran cantidad de material al pie de la obra; masaron la cal e hicieron dichos fundamentos sin tocar la antigua Iglesia, y esto lo más en días festivos, pues para ello se sacó licencia del Sr. Arzobispo de Zaragoza, Don Manuel Pérez de Araciel, favoreciéndonos su lima, con cuarenta días de indulgencia a todos los que con su trabajo y limosna cooperarán a dicha fábrica.

Día veintiuno de marzo de setecientos veinticuatro, con asistencia del pueblo se cantó otra misa y los Eclesiásticos abajo firmados asentaron la primera piedra por el costado del mediodía y se continuó la fábrica con tal vigor que hasta los días de S. Juan de Junio se subieron las paredes de las capillas hasta el raf por ambos lados.

Aquí fue donde se experimentó el fervoroso celo de los hijos de Pozuel, pues con toda realidad y como testigo de vista ocular puedo decir que en ambas paredes no subió el maestro la quinta parte del material, estando obligado a ello; pues en ver que le faltaba tanto hombres como mujeres tenían a desgracia emplearse en lo que ellos podían hacer y con frecuencia y en breve se veían llenos los andamios de piedra y demás que era menester. Todo lo cual ejecutaron durante la obra con tanto celo, que le precisó al Oficial animar traza y capitulación y hermosear la obra como se manifiesta, Dios se lo pague.

Domingo veintiuno de dicho mes y año, se determinó y se bajó en una solemne procesión y muchas lágrimas del pueblo, el Santísimo Sacramento a la Ermita de Santo Domingo de Silos en donde se celebró todo el tiempo que duré la obra y se empezó a rehacer la antigua Iglesia.

No tan solamente tuvieron los caritativos pechos de los hijos de Pozuel, de mover fábrica de nueva Iglesia, en tiempos tan melancólicos, sino que amenazando ruina la ermita de Santo Domingo y tan próxima que no había quien entrara sino a dosa precisa y corriendo, gastaron intereses y muchos días en su reparo, pues toda la pared de Mediodía se bajó hasta un estado de tierra, en donde rehaciendo sus soleras, se subió incorporando manvhones con pared, macizando los arcos que por muchos de ellos estaban separados del todo por grandes ranuras. Se labraron las paredes por la parte inferior las que miran a la plaza que por subterráneas estaban sin adorno y retejo casi nuevo.

Y aunque es verdad que dicha ermita es o pertenece como patronos que son de ella, al Cura que es y será de Pozuel y a José Hernández, vecino de la ciudad de Daroca y por consiguiente les tocaba dicho reparo; empero haberle intimado a este como patrón de sangre jurídicamente en la ciudad de Daroca, una orden del Sr. Arzobispo en que le mandaba que dentro de seis meses reparase dicha ermita, como no le obedeciese asignaba y consignaba al lugar de Pozuel para que efectuase dicha reparación con lo que ha quedado como cosa propia del pueblo. Costó su reparo, material y manos de obra. Veinticuatro libras exceptuando el trabajo de los vecinos que se ofrecieron en peonías libremente. El mandato del Sr. Arzobispo se guardará en los libros de la Iglesia. Fueron fundadores de dicha ermita Domingo Hernández y Ana Martínez Lagunilla, cónyuges vecinos de Pozuel, Esta murió después de seto y antes que su marido. Hizo testamento en la ciudad de Daroca.

El verano de mil setecientos veinticuatro hasta la primavera del veinticinco se hizo el raf de las capillas, las columnas y arcos de dichas capillas y se concluyó de labrar la piedra. Para Marzo se enmaderaron y tejaron las capillas echando las vóbedas y quedando concluidas de yeso pardo; se subieron las paredes de la nave principal incorporando manchones con la pared y dejando su ventanaje como actualmente lo manifiesta la obra.

Año de mil setecientos veintiséis, se echó el raf de la nave se hicieron los arcos, se quitaron las paredes del coro y presbiterio, esto es, la pared del presbiterio la que mira al coro y la pared del coro la que mira al presbiterio pues lo que es hoy presbiterio era antes «torre del palomar», y lo que es coro era torre de las campanas y en medio de ambas torres mediaba la Iglesia antigua, no llegando lo más alto del tejado sino lo que hoy suben los arcos o importa la altura de las capillas. Se adornó dicho año coro y presbiterio con los arcos y se cubrió y tejó la nave principal. En este estado tenía la fábrica su lugar y la cal se terminaba aunque como se insinuó más arriba maravillándosen los producentes de su duración, y, a últimos del invierno de setecientos (veintiséis) veinticinco y parte del setecientos veintiséis se hizo otra calera en las «cobatillas» o «cerro tajado,,, ésta salió mal al lugar y se discurrió no ser la piedra al caso según unos y según otros haberle quemado mal el molinero, pues había usado rama u oja, no obstante por la misericordia de Dios hubo para finar la obra completa en suposición de haber echo un cuerpo de Torre como se dirá más adelante.

Año de mil setecientos veintisiete, se echaron todas las vóbedas de la nave presbiterio y coro por la parte interior, pues aunque no sin obra nueva estos extremos se atendió a su mayor seguridad; hecho este se lavó de pardo hasta la nave de la cornisa y se ejecutó el banquillo acuchillando el ventanaje como se muestra, se lavó de blanco de cornisa arriba, y se hizo la cornisa que le duró tres meses y el atrio lo dejó de pardo concluido.

Viendo en esta disposición los piadosos hijos de Pozuel, les pareció que la Iglesia quedaba muchas veces bien, con la cornisa banquillo, plata bancas y movimientos de las columnas. Se empezó que siempre quedaba desnuda si no se echaba algo de talla unánimes hicieron llamar a José Bituri, escultor, vecino de Valdeconejos.-Empezó a bajar dicho maestro con dos oficiales el día siete de enero de mil setecientos veintisiete y hasta el día ocho de Abril de dicho año, se hicieron los patrones de cuatro doctores y toda la talla que hay en la cornisa arriba en la nave presbiterio y el coro. El jornal de estos era siete reales, tres el Maestro y cuatro los dos oficiales. La comida la daban los vecinos a modo de alojamiento pero con tanto gusto que sucedió pasarse el procurador de la fábrica por considerar la pobreza y anotado del dueño se resintió y dio (¿?) de comer todos los días que le tocaron,

No dio poco cuidado al caritativo pueblo el conducir el agua a la fábrica y más cuando se empezó que se padecía sequía grande y era menester mucha para la cal y para continuar la obra, gobernase el lugar del pozo llamado «EL SALOBRE», este en breve llegó a menos y fue preciso valerse el lugar de los pozos de los huertos dejando aquel para las caballerías.

Cuando se ofrecía masar cal de primera masadura, o apagarla, se avisaba a las señoras mujeres, las que dejando sus haciendas cogían sus cántaros, abrían sus huertos, las que tenían, siendo todos comunes para la fábrica y todo en breve rato lo abastecían. Esto se ejecutaba cuando era menester cantidad de agua, que para ordiario se ejecutó o designó el medio de que los vecinos la subiesen diariamente y fuera a concejadas, a parete las caballerías, dándoles la fábrica aguaderas y cántaros con prevención de tinajas al pie de la obra. Se empezaba el lugar y concluido se empezaba otro, con advertencia que de tarde habían de quedar las tinajas llenas cuya lea se practicó toda la fábrica, y no fue tan sensible como al principio pareció.

Esta falta de agua sólo la hubo el año setecientos veinticuatro, el de veinticinco que, a Dios gracias, servido con tantas lluvias que salió la fuente del lugar que muchos años hacía que estaba seca y continuó con abundancia todo el tiempo de la fábrica. a madera porción se compró en el propio lugar y porción fueron los vecinos al pinar pero con tanto temor que el día que habían de venir salían vecinos armados a la laguna de Tordesilos por estar las cosas de Molina de mala disposición y al que cogían le perdían del todo. Sea Dios alabado que en todo riesgo se salió con felicidad. La teja, ladrillo de molduras y común lo pagaba la fábrica concurriendo los vecinos trayendo leña, suavizando, con su trabajo sus precios, atentos a los grandes precios y pocos medios y gastos que mediaban.

Para desahogar la Iglesia y sacar enrrunas se tocaba la campana pequeña, señal designada para las señoras mujeres, las que acudían con puntualidad, cual accidentada, cual con una criatura en los brazos, que a veces la encomendaba pero otras la llevaba debajo del brazo, todo lo cual vi y experimenté muchas veces. Dichas enrrunas se echaban al sol saliente más veces por la sacristía del lado de la epístola por estar más a mano, otras por el cementerio. En esto se atendía también los días de calendas o las mañanas antes de misa conventual o a la tarde después de Vísperas y esto siendo voluntarias, pero con tan gran celo y afecto a la casa de Dios que confieso, enfervorizaban al corazón más tibio.

Sucedía faltar algunas veces ya agua, ya hieso cernido u otra cosa lo cual a la mínima insinuación, si era cosa posible a sus fuerzas, luego quedaba todo socorrido. Muchos días de fiesta se experimentó no haber que hacer en cosas que tocaban al pueblo y porque el Oficial adelantara la fábrica de mano en mano le llenaban los andamios de piedras excediendo en esto el género femenino al masculino.

En todo el tiempo que duró la fábrica, por la misericordia de Dios, no sucedió ninguna desgracia, ya que los que gobernaban los carros era todo gente joven no obstante bien fuese por quimerillas, ya fuese por hacersen antes los viajes y salían atropelladamente, pero Dios lo libró todo como se verá en los casos siguientes:

El año de mil setecientos veinticinco, estando algunos carros para sacar o mejor dicho para cargar piedra al pie de la cuesta de las «cobatillas» sin reparar o no creyendo llegaría abajo los que la arrancaban, cogió una piedra de ocho o diez arrobas tal brío y tan derecha hacia los carros que temieron una fatalidad; pero luego los consoló el cielo orillándose la piedra contra su natural curso llegando hasta la rambla, quedando los carros doce pasos más arriba. Dieron gracias a Dios quien tácitamente les dijo lo que habían de ejecutar más adelante.

En dicho año echando al Oficial el ras de las capillas que miran al cierzo se le fue de repente un pedazo de raf, hallándose perdido y no teniendo otro recurso hubo de arrojarse a una bardera, hado baja y mal aliñada y cuando se entendió y comprendió se había maltratado mucho se levantó bueno y sin ninguna lesión y se puso luego a trabajar, de este modo se podían referir otros tales pero se omiten por no ser (honesto) modesto decirlo y porque basta lo dicho; de aquí paso en breve a referir otro género de favores que en el tiempo de la fábrica experimentó de la poderosa mano de Dios este dicho pueblo.

Día de la Ascensión a veintiocho de mayo, de setecientos veinticuatro, cuatro días después de estar el Señor en la Ermita de Santo Domingo, estando cantando nona vino una nube que en breve se cubrió el suelo de piedra y harto crecida, se continuó el Santo ejercicio de nona, vísperas y rosario. Salimos Eclesiásticos y todo el pueblo y cuando nos prometíamos mucho mal, en nuestros campos se halló el término regado a medida de la necesidad que era grande a la sazón sin ningún daño llevándose gran parte de la cosecha a los lugares vecinos de Ojos Negros, Monreal y Villafranca dicha nube.

Vísperas de S. Juan de Junio de setecientos veinticinco sucedió lo propio con otra nube que se descubrió a mediodía por la parte del poniente y que nos tuvo en gran desconsuelo. Al lugar del Pobo se les llevó toda la cogida y hasta nuestros mojones mucha piedra guardándonos el cielo los sembrados para poder continuar con el deseado fin.

Y últimamente digo que providencia del cielo ha sido el asistirnos durante la fábrica con unos inviernos tan apacibles que no han dejado de trabajar los oficiales ningún día por frío y verlos en su posición que si bien se nota arriba la talla se hizo toda en el tiempo más corto del año. Este favor del cielo se ha conocido bien este invierno de setecientos veintinueve que desde Natividad hasta Marzo no se podía haber dado cada (¿?). Objección que quizás harán los futuros hijos de Pozuel a los que hoy somos que no tenemos por dichosos de haber hecho alguna cosa en la Casa de Dios que mucho hicieron cuando vemos el lugar con tantas obligaciones. A esto digo con toda verdad y como ministro del Altísimo, aunque indigno, que la Iglesia se hizo y se pagó con el pinjar que en días de fiesta se labraba, con las limosnas anuales y el trabajo de los vecinos. Y si por ventura algún acto censal se hallase de dichos cuatro años, fue ara defender al lugar el derecho que tenía de andar la cabrada en el término de Blancas como siempre había andado, cuya dependencia le costó muchos pasos y más de ciento cuarenta libras en Daroca y Zaragoza donde se apeló.

Dije arriba como se le daba al Oficial trigo puro o el mejor que se recogía de las primicias durante la fábrica y dije bien pero la fábrica correspondía con otros tantos de morcacho, para sus trabajos y se dieron la mano fue todo con cuenta y razón. Todo haya sido a mayor honra de Dios, de María Santísima, de los Santos, S. Fabián y ebastián y Todos los Santos y el príncipe S. Miguel Arcángel. Amén.

El año de mil setecientos veintitrés fueron alcaldes, Juan Marco y Baltasar Marco.-Regidores, Lamberto Recio y José Lázaro.- Procurador anual, Francisco Lázaro.

Año de mil setecientos veinticuatro fueron: Martín Marco y Francisco Marco, Alcaldes.-Regidores, Bartolomé Marco y Francisco Sánchez.-Procurador, Sebastián Marco.

Año de mil setecientos veintiséis, alcaldes, Valero Marco y Baltasar Marco.-Regidores, Lamberto Recio y Jerónimo Lázaro.-Procurador José Hernández.

Año de mil setecientos veintisiete, alcaldes, Bartolomé Marco y Francisco Marco.-Regidores, Juan Franco y José Lázaro.-Procurador, Francisco Sánchez Domínguez.

Año de mil setecientos veintiocho que terminó la obra, alcaldes José Sánchez y Martín Recio.-Regidores, Lorenzo Sánchez y Felipe Marco.-Procurador, Bonifacio Rubio.-Todos los cuales durante el tiempo de sus gobiernos así como sus personas, limosnas y autoridad, han solicitado con todas veras el adelantamiento de la fábrica y la quietud tan grande que se ha gozado en el pueblo, según se ha dicho, Dios se lo pague.-Digo el cura abajo firmado ser verdad todo lo contenido en este testimonio, a todo lo cual me hallé presente todo el tiempo que duró dicha fábrica y la quietud tan grande que se ha gozado; así es y por la verdad lo firmo en Pozuel a veintitrés de junio de mil setecientos veintinueve.-Rubricados, El licenciado, Andrés Ballesteros.-Digo Mosén Francisco Lázaro, ser verdad todo lo dicho.

Digo yo, Mosén Clemente Marco sea así y firmo por mi compañero, Martín Marco que dijo no sabía escribir; o por mil Jerónimo Lázaro, alcaldes.-Yo, Juan Franco, licenciado de fechas firmo, por Valero Marco, Lamberto Recio y Francisco Lázaro, que eran regidores y procurador respectivamente dicho año, mil setecientos veintinueve, Es copia fiel y exacta sacada del original que se encontró en manos y casa de Miguel Marco, nieto de Valero; pozuel y noviembre de mil setecientos noventa y tres; Dr. Agustín Lázaro, Pbro.-Es copia fiel y exacta del original a que me refiero, y para que conste extiendo la presente que firmo en Pozuel del Campo a veintiuno de Abril de mil novecientos veintidós, Bernardo Gimeno, cura.

Año de mil setecientos veintiocho, se pusieron las claraboyas, se echaron vueltas al coro, se dio la última mano a las naves de la cornisa hacia abajo, capillas y pilastras se hizo el púlpito y las bases y se concluyó de adornar el presbiterio, pues no todo podía quedar terminado de una vez.

Día diecinueve de noviembre de mil setecientos veintisiete, se volvió a continuar con la talla en la forma y manera que ya arriba se indicó, se hicieron los capiteles y todo lo que hay en las cornisas y de allí abajo la del púlpito y el San Miguel del atrio con sus ramos y nos prepararon los retablos dichos escultores, todo lo cual se ejecutó hasta mitad de Abril de setecientos veintiocho. Importó toda la talla de jornales en ambas temporadas ciento veintisiete libras en trigo a trescientos reales el cahíz.

A primeros de Marzo de mil setecientos veintiocho se empezó a hacer la torre de las campanas a jornal que estas no entraron en el concierto de la Iglesia, pues al principio se entendió que remontando un poco la antigua y echando su capitel serviría siempre para las campanas quedando el coro en el suelo con su cielo raso y sólo se concertó una casa por donde hoy es torre para subir al coro y campanas y se halló no poderse cargar más por ser paredes de tapicería.

Se le daba al Maestro diez sueldos y a los mancebos ocho sueldos al día.

La comida la daban los vecinos como a los escultores y hubo temporadas en que se mantenían seis hombres por las casas y estos a todo gasto, cosa que sirvió a los lugares vecinos de una cristiana envidia, no tanto de la grande unión como de haberse hecho un templo tan vistoso después de constarles los pocos medios, pobreza del lugar y vecinos.

Se subió la torre en breves semanas el raf y de allí arriba para componer las campanas se hizo la escalera para coro y torre, se echó el cielo raso y se cubrió el tejado a cerro lleno quedando los vecinos con el desconsuelo de no poder continuar en dicha torre por falta de ladrillo y precisar el maestro nuevos empeños. Importaron los jornales treinta y dos libras y dos sueldos y se tasó la casa que el oficial tenía obligación, según capitulación en debe libre, quedaron en veintidós libras pagaderas,

El material todo lo conducían los vecinos, hasta ponérselas en las manos, pues repartidos los vecinos en seis cuadrillas asistían con gran fervor diez hombres cada día y días de más necesidad crecía el número, y esto en tiempo que ya precisaba la hoz, pero el día que tocaba o dejaban de trabajar o buscaban a un jornalero.

A primeros de Marzo se ejecutó la portada, se pusieron las puertas, se concluyen los altares y se pavimentó la Iglesia y atrio y otros repasos que había en pardo asta últimos de Mayo de setecientos veintiocho que fino la obra. «SEA DIOS ALABADO».-Se advierte que aunque se dice que se empezó a asentar la primera piedra el día veintiuno de Marzo de setecientos veinticuatro y finó al tiempo dicho, lo que es cierto que en dicho tiempo trabajó el oficial diez meses fuera de nuestra fábrica, así que en tres años y meses hizo el templo, no llevando más que a un hijo suyo de quince a dieciséis años, y dos temporadas un peón. Todo el material se lo asentó por su mano, menos en la torre que llevo un oficial por precisarle el lugar de Cosa (Teruel), en cuya fábrica se hallaba empeñado de nueva Iglesia,

Las puertas y balagoste del coro con sus atoques las hizo Pedro Corman, maestro carpintero, vecino del lugar de Blancas. El hierro de las puedas costó cinco cahíces de trigo morcacho. La madera cuarenta reales. Trabajó el herrero Mateo Segarra, vecino de Orihuela. Sea Dios alabado que en esto y en todas las disposiciones movió los a tiempo tan oportuno que todo se logró a medida del Santo fin del caritativo pueblo.

Día ocho de Septiembre de setecientos veintitrés, en la primavera la junta nombró por procuradores de la fábrica al Sr. Cura, mosén Francisco Lázaro y a Valero Marco, los que acompañados de los señores Alcaldes y procuradores anuales, tuvieron tal discreción en gobernar y proveer todos los materiales tan a su tiempo que no estuvo el oficial parado una sola hora por falta de material, y los vecinos tan subordinados a las disposiciones de dichos procurador que era un alabar a Dios.

Bienhechores de esta fábrica, primeramente todos los vecinos de Pozuel quienes como ya queda insinuado, arriba, ya con sus limosnas anuales, ya con su sudor cotidiano no han parado en todo el tiempo, esperando la retribución del altísimo llevando en todo a su divina Altísimo llevando en todo a su divina majestad por principal objeto. Así mismo el Lic. Pedro Sánchez, hijo de este lugar y vicario de Martín, dio el retablo de Nuestra Señora del Pilar, pagó al oficial cien libras y todas las claraboyas. El Sr. (…) José Julián, vecino de San Martín del Río, descendiente de este lugar dio diecisiete cahíces de trigo.-Dios se lo pague.

El día veintiocho de Septiembre de dicho año con mucho regocijo y asistencia de do el pueblo y con orden del Sr. Arzobispo, Don Tomás de Aguero, bendijo la nueva iglesia el ya dicho mosén Pedro Sánchez y luego inmediatamente dijo la primera misa. Dicho día subiero los bancos, atril y libros del coro y todas las focalias de la sacristía, (…) sobre haber estado muchas por la cortedad de la ermita (en donde no hubo sino lo preciso) en varias casas no falló ninguna volviendo todo a su lugar.-Sea Dios alabado.

Día siguiente fiesta del Príncipe de los Arcángeles, San Miguel, Titular glorioso de Parroquia Militante y con especialidad de este nuevo templo, se trasladó el Santísimo Sacramento con una solemne procesión, concurriendo el capítulo eclesiástico de Ojos Negros y otros de diferentes lugares y mucha gente de distinción. Llegado el señor a la Iglesia se cantó el «TE Deum laudamus» y se tuvo patente todo el oficio.

Dijo la misa y todo el oficio el licenciado Andrés Ballestero cura actual de la parroquia uno de los principales bienhechores. Predicó el dicho cura de Martín agusto de los vecinos y numeroso conjunto que fue tal como nunca se ha conocido en Pozuel. Hubo repique de campanas, hogueras y música y mucho regocijo como pedía la ocasión, sin pasar a otras demostraciones exteriores como algunos quieren, llevando siempre por blanco a Dios y atender a lo cansado que quedaban los vecinos, cuya acción alabaron los juiciosos.

Estando ya en el Señor en su antigua y nueva casa se ha visto que los cristianos corazones de este feliz pueblo se han repartido los retablos para atender a su limpieza y mayor adorno, poniendo a sus expensas luces todos los días, y si más retablos hubiera no faltarán devotos. -Dios se los pague y eche su copiosa bendición sobre sus personas y bienes después de servirle en esta vida nos dé a todos la gloria eterna. Amén.

-Reflexiones sobre lo sucedido en el tiempo que duró la fabrica:

A ningún vecino se le ejecutó ninguna pena, pues el que por urgencia no podía ir el día que le tocaba acudía otro día, si alguno enfermaba era libre hasta estar bueno, y aunque no mediaba más obligación que ir el vecino o hijo, criado o jornalero por el no obstante esto se vio por concurridísimas y trabajar, padre e hijos y criados, dejado en los días de calendas el lugar desierto y asistiendo todos a la fábrica.

Llegado el día de fiesta y oída la primera misa a toque de campana salían con gran cuidado con sus carros, los que los tenían y los que no con sus caballerías a traer, ya el hierro, ya la piedra, o el material que se necesitaba hasta el otro día de fiesta. Las mujeres aguardaban carros y caballerías y con gran cuidado arrimaban el material al pie de los andamios o al ballarte. Los vecinos que no tenían caballería ni carros masaban hieso o hacían aliagas para quemar los hornos u otra cosa según la ocasión lo pedia.

El hieso que entro y se pagó en la Iglesia además de algunos hornos de bizcochos que se hicieron, que de estos no hubo cuenta, fueron cuatro mil quinientas veintisiete anegas, a más del espejudo o hieso blanco que este se trajo de Barrachina. Le costaba al lugar cada cien anegas en piedra en la algecera cuatro reales en dinero, tres anegas en trigo y lo sorteaban, quemaban y masaban por concejada. Se quemaba en el corral llamado de las cabras y a su tiempo se subía a la fábrica, se midieron los primeros con justificación salía de cada uno un ciento cuarenta anegas y por esto se puso de allí en adelante para evitar el trabajo de venir, Después que se empezó a blanquear la Iglesia, se subieron los hornos y se masaba en la casa del lugar, de donde porgado se subía a la fábrica, según estábamos obligados en la capitulación.

Todo el hieso así como el de la talla y el del espejuelo para blanquear, se pasó por cedazos de flor; esto lo ejecutaban las mujeres de los vecinos que servían alternando y asistiendo con puntualidad el día que les tocaba con todo fervor.

*Notas de la fabricación de la Iglesia, que don Manuel Llera, pudo recoger en Zaragoza, mediante…varias y bastantes pesetas que dio, de su propio bolsillo.

Es copia fiel y exacta.-Doy fe.-1957
Fdo.: Delfín Sánchez Perea.-

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La “Revista Cuadernos del Baile de San Roque” o “Revista de Etnología” puede ser consultada en:

roble.unizar.es

Hemeroteca de la Biblioteca Pública de Zaragoza.

Puede ser adquirida en Centro de Estudio del Jiloca.

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